En una época en la que cualquier teléfono móvil es capaz de producir imágenes de gran calidad y la inteligencia artificial puede generar fotografías inexistentes en cuestión de segundos, podría parecer que la fotografía analógica pertenece definitivamente al pasado. Sin embargo, sucede justamente lo contrario.
Lejos de desaparecer, la fotografía química vive desde hace algunos años un renovado interés. Nuevos fotógrafos descubren el carrete por primera vez mientras autores con una larga trayectoria continúan trabajando con película por una decisión estética y conceptual. En escuelas de arte, laboratorios fotográficos y galerías vuelve a hablarse de negativos, ampliadoras, procesos de revelado y copias hechas a mano.
En septiembre de 2026, esta conversación tendrá un nuevo espacio en Madrid durante la presentación de proyectos fotográficos organizada por LaChrome, un encuentro dedicado a la creación fotográfica contemporánea en el que participará el artista Guibert Rosales, fundador de La Caja Muda. Será una oportunidad para conocer de primera mano cómo conviven hoy las técnicas tradicionales y las nuevas formas de creación visual. Pero ¿qué hace que la fotografía analógica siga despertando tanto interés en pleno 2026?
Es habitual pensar que quienes utilizan fotografía analógica lo hacen por nostalgia. Aunque para algunos autores pueda existir un componente emocional, reducir el fenómeno a una cuestión romántica sería simplificar demasiado una práctica artística con más de siglo y medio de evolución. La fotografía analógica ofrece una forma diferente de relacionarse con la imagen.
Mientras la fotografía digital permite realizar cientos de fotografías en pocos minutos, revisar inmediatamente el resultado y corregir cualquier error, la película obliga a detenerse. Cada disparo tiene un coste económico, un tiempo de espera y un grado inevitable de incertidumbre. Esa limitación modifica completamente la manera de fotografiar.
El fotógrafo observa durante más tiempo, estudia la luz, espera el momento adecuado y construye la imagen antes de presionar el obturador. El proceso es más lento, pero también más consciente. Paradójicamente, en una sociedad dominada por la inmediatez, esa lentitud se ha convertido en uno de los principales atractivos de la fotografía química.
Estaba solo y construi una isla
Intervención en el espacio púbico
Fotografía analógica, 30 x 40 cm.
La historia de la fotografía comenzó mucho antes de las cámaras digitales. En 1826, el francés Joseph Nicéphore Niépce consiguió realizar la primera fotografía permanente conocida. Años después, Louis Daguerre desarrolló el daguerrotipo, un procedimiento que revolucionó la manera de registrar la realidad.
Durante el siglo XIX aparecieron nuevos procesos que hicieron la fotografía más accesible y estable. Pero fue la llegada del carrete flexible desarrollado por Kodak a finales del siglo XIX la que permitió popularizar realmente la fotografía entre el público general. Durante gran parte del siglo XX, pr ácticamente todas las fotografías familiares, periodísticas, documentales y artísticas fueron realizadas sobre película fotográfica.Los grandes reportajes históricos, las fotografías de guerra, los retratos de estudio, la fotografía de moda y buena parte del patrimonio visual del siglo pasado fueron creados mediante procesos analógicos.
No fue hasta finales de los años noventa y principios de los 2000 cuando la fotografía digital comenzó a sustituir progresivamente al carrete en el ámbito profesional y doméstico. Muchos laboratorios cerraron y numerosos fabricantes dejaron de producir emulsiones fotográficas. Parecía el final de una era. Sin embargo, apenas dos décadas después, el interés por la película ha vuelto a crecer de forma constante.
Aunque hoy resulte casi mágico para quienes han crecido rodeados de pantallas, el funcionamiento de una cámara analógica es sorprendentemente elegante. En lugar de registrar la imagen mediante un sensor electrónico, la luz incide sobre una película recubierta por una emulsión formada por cristales de haluros de plata. Cuando se abre el obturador, la luz modifica químicamente esa emulsión, creando una imagen latente invisible.
Esa imagen permanece «escondida» hasta que la película pasa por un proceso químico de revelado. En ese momento aparece el negativo, una imagen con los tonos invertidos que posteriormente puede ampliarse sobre papel fotográfico mediante otra serie de procesos químicos o digitalizarse para su edición y conservación.
Cada paso influye en el resultado final. El tipo de película, la sensibilidad ISO, el revelador empleado, la temperatura de los baños químicos, el tiempo de procesado e incluso el tipo de papel fotográfico afectan al aspecto definitivo de la imagen. Por eso dos fotógrafos pueden utilizar la misma cámara y obtener resultados completamente distintos.
Cuarto de revelado
Una parte importante del atractivo de la fotografía analógica reside precisamente en lo que ocurre después de hacer la fotografía. Mientras que una imagen digital aparece instantáneamente en la pantalla, el fotógrafo analógico debe esperar. Primero se extrae cuidadosamente la película de la cámara. Después se introduce en un tanque completamente estanco a la luz.
A partir de ahí comienza una secuencia precisa de baños químicos que revelan la imagen, detienen la reacción química y fijan definitivamente el negativo. Una vez seca la película, llega uno de los momentos más esperados: observar por primera vez los fotogramas. Muchos fotógrafos describen esa experiencia como una mezcla de incertidumbre, sorpresa y satisfacción difícil de reproducir mediante un flujo de trabajo completamente digital.
Posteriormente, el negativo puede positivarse en cuarto oscuro utilizando una ampliadora o escanearse con equipos de alta resolución para combinar el lenguaje analógico con herramientas digitales actuales. Hoy en día ambos procesos conviven con absoluta naturalidad.
Existe otro aspecto que explica el renovado interés por la fotografía analógica: su capacidad para producir imágenes con una personalidad difícil de imitar. El grano de la película, las pequeñas variaciones de color, las imperfecciones químicas y la forma en que responde cada emulsión a la luz generan resultados únicos.
Aunque existen numerosos filtros digitales capaces de simular estos efectos, muchos artistas consideran que ninguna emulación reproduce completamente el comportamiento físi co de la película.En fotografía analógica cada negativo es un objeto único. No existe una copia idéntica producida automáticamente por un algoritmo. Cada fotografía conserva las huellas del proceso con el que fue creada.
La respuesta cambia según cada fotógrafo, pero suelen repetirse varias razones. La primera tiene que ver con el ritmo de trabajo. El carrete obliga a fotografiar con mayor concentración. La segunda está relacionada con la materialidad. El negativo existe físicamente. Puede conservarse durante décadas y constituye un documento tangible. La tercera responde a cuestiones estéticas. Muchas películas ofrecen una reproducción del color, de las altas luces y de las sombras que numerosos artistas continúan prefiriendo frente al aspecto más limpio y clínico de algunos sensores digitales.
Y existe una cuarta razón, quizá la más importante: la coherencia conceptual. En determinados proyectos artísticos el proceso forma parte de la propia obra. El tiempo necesario para producir la imagen, la espera del revelado o incluso la posibilidad del error forman parte del discurso del artista. La técnica deja de ser únicamente un medio para convertirse también en significado.
Freedom, 2025
Fotografía plata sobre gelatina
50 x 60 cm.
España cuenta con una larga tradición fotográfica y, aunque la fotografía digital domina el ámbito profesional, numerosos artistas continúan trabajando con procesos analógicos. Autores como Alberto García-Alix han mantenido durante décadas una relación estrecha con la fotografía química, desarrollando un lenguaje visual profundamente ligado al blanco y negro y a los procesos tradicionales. También Cristina de Middel ha incorporado película fotográfica en parte de su producción artística, combinando procedimientos analógicos y digitales según las necesidades de cada proyecto.
Del mismo modo, muchos fotógrafos emergentes españoles están recuperando cámaras de formato medio, cámaras de gran formato y laboratorios artesanales como parte de una búsqueda de nuevas formas de narrar visualmente. En paralelo, han surgido nuevos laboratorios especializados, talleres de revelado y espacios independientes dedicados exclusivamente a mantener viva la fotografía química. Lejos de convertirse en una técnica obsoleta, la fotografía analógica se ha consolidado como un lenguaje contemporáneo con identidad propia.
Elegir trabajar con película no significa rechazar la tecnología. Muchos artistas alternan cámaras digitales y analógicas dentro de un mismo proyecto. La elección depende de aquello que desean comunicar. Hay imágenes que requieren la inmediatez del medio digital. Otras necesitan el ritmo pausado del carrete. En este sentido, la fotografía analógica continúa ofreciendo un espacio para la experimentación, la reflexión y el trabajo artesanal, valores especialmente relevantes dentro del arte contemporáneo.
Este diálogo entre tradición e innovación podrá vivirse muy pronto en Madrid durante la presentación de proyectos fotográficos organizada por LaChrome, un espacio que se ha convertido en un punto de encuentro para fotógrafos, artistas visuales y profesionales interesados en las posibilidades actuales de la imagen. Especializada en soluciones de impresión Fine Art de alta definición y en la reproducción de obras artísticas con la máxima fidelidad, LaChrome desarrolla además una intensa programación cultural que incluye exposiciones, presentaciones, encuentros profesionales y actividades formativas.
La participación de Guibert Rosales, fundador de La Caja Muda, permitirá conocer uno de los proyectos que continúan explorando las posibilidades expresivas de la fotografía analógica dentro de la creación contemporánea. Será una excelente oportunidad para descubrir cómo conviven el trabajo artesanal del laboratorio fotográfico con las tecnologías actuales de impresión y conservación de obra.
Blog
El sofá del artista
© 2026 Created by Tojunto Soluciones